Casi simultáneamente a la detención de dos ciudadanos británicos por parte de Vigilancia Aduanera, quienes estaban involucrados en el envío de grandes cantidades de cocaína a través de vehículos caleteados en Alicante, agentes de la Policía Nacional han desmantelado una organización criminal de características similares, aunque de mayor envergadura, dedicada a la adquisición, almacenamiento, transporte y distribución de cocaína a gran escala desde Barcelona hacia diversas localidades de Cataluña, así como a Madrid, Granada y Ciudad Real, entre otras.
La operación ha resultado en la detención de doce miembros de la red y en la incautación de 61 kilogramos de cocaína antes de su distribución, además de 222.880 euros en efectivo y cinco armas de fuego.
Ante la posibilidad de que la droga fuera fraccionada y transportada rápidamente a los distintos puntos de venta, los investigadores decidieron llevar a cabo la explotación operativa para asegurar la intervención de la sustancia.
Uno de los elementos centrales de esta infraestructura criminal era el uso sistemático de vehículos equipados con compartimentos ocultos o caletas, que eran auténticos dobles fondos añadidos después de la fabricación original del vehículo.
Estos sistemas estaban provistos de mecanismos de apertura mecanizada y fueron diseñados para dificultar extremadamente la localización de la droga y del dinero durante los controles de las fuerzas de seguridad.
Durante los registros, los agentes encontraron en el maletero de uno de estos vehículos 38 paquetes de cocaína sellados al vacío, con un peso total aproximado de 45 kilogramos. Asimismo, se confiscó una furgoneta que contaba con tres compartimentos ocultos independientes: dos de ellos ubicados en el suelo de la zona delantera y un tercero en el maletero, con capacidad para contener más de 50 kilogramos de sustancia estupefaciente. En uno de esos compartimentos se hallaron 127.600 euros.
Los investigadores lograron documentar entregas mensuales de cocaína en localidades de Ciudad Real, Granada, Barcelona y Madrid. Estos puntos eran abastecidos de manera constante, recibiendo nuevos envíos de droga provenientes de Cataluña en función del ritmo de las ventas.
La organización se estructuraba en torno a dos ramas diferenciadas, pero perfectamente coordinadas. La primera, establecida en Barcelona y relacionada con un mismo núcleo familiar, cumplía las funciones de proveedor y custodio de la droga. Sus miembros eran responsables de recibir y almacenar los grandes cargamentos de cocaína hasta el momento de su distribución.
La segunda rama, principalmente situada en Madrid, asumía las tareas de dirección, transporte y distribución. El máximo responsable de esta estructura era quien establecía los precios, negociaba las partidas y determinaba, tras verificar la calidad de la sustancia, si los cargamentos eran aceptados. Un segundo nivel de la organización se encargaba, posteriormente, de recoger la droga y llevarla a los distintos puntos de distribución repartidos por el territorio nacional.
Las investigaciones también revelaron que los líderes de la organización no participaban personalmente en las actividades más arriesgadas, sino que delegaban estas funciones en personas de su confianza. De esta manera, los responsables mantenían el control sobre la actividad criminal y sobre la percepción de los beneficios, mientras que otros miembros asumían las tareas relacionadas con el transporte, almacenamiento y distribución de la droga.
Finalmente, se llevaron a cabo 12 entradas y registros en cuatro provincias diferentes: Barcelona (6), Madrid (4), Granada y Ciudad Real, donde se incautaron 61 kilos de cocaína, 222.880 euros y 5 armas de fuego, que incluían dos pistolas, dos revólveres y una escopeta. Las 12 personas detenidas fueron ingresadas en prisión acusadas de pertenencia a organización criminal, tráfico de drogas y tenencia ilícita de armas.
