Que las organizaciones delictivas a nivel internacional tienen su base operativa, en gran medida, en la Costa del Sol, es una realidad reconocida desde hace tiempo, al igual que el hecho de que, en numerosas ocasiones, los sicarios se trasladan a esta zona para saldar cuentas por encargo. Entre las diversas nacionalidades que se reúnen allí para delinquir y, sobre todo, para llevar a cabo asesinatos por encargo, ha cobrado protagonismo en los últimos tiempos Suecia. Los clanes Dalen y Foxtrot son los más notorios, aunque existen muchos otros. Uno de los incidentes más recientes fue el asesinato en directo de un rapero en un establecimiento de ocio en Marbella, quien fue tiroteado.
Sin embargo, cada vez que ocurre una muerte o una herida, generalmente se debe a que la persona tiene algún tipo de vinculación con el crimen organizado. Puede deber dinero a alguien, haber robado droga o haber cometido algún error imperdonable. No obstante, este no era el caso de Nacho, el joven que perdió la vida a causa de los disparos de tres sicarios de origen sueco en el barrio malagueño de Barcenillas.
El barrio mencionado no es, ni por asomo, un lugar habitual para estas bandas ni para otras, pero pueden aparecer en cualquier momento. La expansión de las viviendas turísticas facilita que cualquier individuo transite por cualquier zona sin ser notado, especialmente en un lugar cuyo atractivo para los visitantes no deja de aumentar, como es Málaga.
El incidente ocurrió el viernes. La víctima, de 20 años, se encontraba en el sitio equivocado en el momento erróneo. Estaba sentado en un banco cercano a su hogar, según narra el experto @niporwifi, que es quien mejor conoce los movimientos delictivos en la Costa del Sol. Recibió al menos dos balazos, uno en una pierna y otro en la espalda. Logró avanzar cojeando y fue auxiliado por vecinos de la zona hasta la llegada de los servicios de emergencia. «Tenía mala cara», afirmaron los testigos. Falleció en el hospital.
La Policía Judicial de la Comisaría de Málaga, que se encarga de las investigaciones, está convencida de que los sicarios se equivocaron de objetivo. Sin antecedentes ni vínculo alguno con la delincuencia, el fallecido solo estaba de paso. Las indagaciones sugieren que los tiradores, dos de ellos de origen somalí y nacionalidad sueca, lo confundieron con un miembro de un clan rival que les estaba observando, lo que llevó a que le dispararan.
La respuesta policial fue rápida, y los agentes lograron encontrarlos con prontitud. El primero fue detenido en Málaga. Los otros dos fueron localizados en Fuengirola, donde intentaban ocultarse. No obstante, las detenciones no servirán de consuelo. Las autoridades políticas continúan haciendo caso omiso. De hecho, en un primer momento, cuando se pensó que la víctima podría ser un criminal, ni siquiera se le dio relevancia. El principio de que ‘si se matan entre ellos, no importa’ sigue estando muy presente. Sin embargo, ahora el fallecido es un inocente.
La situación que se vive en Suecia, que merece un análisis profundo, está generando problemas muy graves en otros países. Una nación que hace una década era una de las más seguras del mundo se ha transformado en la más peligrosa de Europa Occidental. Las razones son múltiples, pero destacan especialmente la creación de guetos alrededor de las principales ciudades tras una oleada migratoria que no ha contado con oportunidades de integración.
Esta falta de oportunidades ha llevado a que muchas de esas personas opten por el camino de la delincuencia como la única alternativa viable, una criminalidad que se torna cada vez más violenta. Y las repercusiones ya no se limitan a allí, donde la tasa de homicidios y atentados con bomba ha aumentado de manera alarmante, sino que se extienden por todo el continente.
