El 4 de agosto de 2017, Víctor Méndez, quien actualmente se desempeña como director de medios especializados, informó en exclusiva en el Diario de Pontevedra sobre una operación policial sin precedentes en el municipio de la ciudad gallega: la incautación de un alijo de 750 kilos de cocaína. La droga fue detectada en una furgoneta de alquiler que era conducida por un ciudadano colombiano en el peaje de la AP-9, al norte de la localidad, específicamente a la altura de la parroquia de Campañó.
Un segundo vehículo que funcionaba como lanzadera, cuya misión era verificar la presencia de controles de las fuerzas de seguridad en la ruta, y en el que viajaban dos residentes de Vigo, logró escapar, siendo más tarde interceptado mientras huía hacia Madrid, en su trayecto por la provincia de Ourense.
Este alijo se convirtió en el eje central de una extensa investigación llevada a cabo por el Equipo Contra el Crimen Organizado (ECO) de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, que estaba siguiendo las pistas de hasta cuatro organizaciones criminales diferentes que operaban de manera conjunta.
Tres de estas organizaciones fueron desarticuladas y recientemente han sido condenadas, aunque las penas impuestas son relativamente bajas, beneficiándose del colapso de la Audiencia Nacional, que ha provocado que hechos ocurridos en 2017 requieran nueve años para su sentencia. La cuarta organización, una red gallega dedicada a la introducción de la droga en el territorio "mediante técnicas novedosas", según se informó en su momento, no pudo ser identificada.
La Audiencia Nacional ha emitido recientemente una sentencia que condena a 31 de las 40 personas que fueron detenidas en aquella histórica operación. Todos los acusados se beneficiaron de la circunstancia atenuante de dilaciones indebidas como muy cualificada, lo que les permitió reducir sus penas en un grado. Las defensas de los acusados intentaron que esta reducción alcanzara dos grados, algo que el tribunal no aceptó por dos razones: en primer lugar, la magnitud del alijo confiscado en Pontevedra; en segundo lugar, la envergadura de la red criminal desmantelada, que tenía un impacto no solo en varias provincias sino también en varios países.
La investigación se inició a partir de información cruzada proporcionada por el Cuerpo Nacional de Policía, el Servicio de Vigilancia Aduanera y la Administración para el Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés), que incluyó la incautación de alijos cuya responsabilidad se intentaba averiguar, teniendo un denominador común: la droga provenía de Venezuela.
Respecto a los puntos de llegada, existían sospechas sobre Galicia, pero nadie lograba desenmascarar al grupo de lancheros que introducía la cocaína en el territorio. Así, las indagaciones se extendieron a otras provincias españolas, como Cádiz, Valencia o Bizkaia, y a otros países como Alemania, Italia y Marruecos, que actuaba como canal para la 'repatriación' de los beneficios hacia Venezuela.
Con el avance de las investigaciones, que se realizaban en paralelo por blanqueo de capitales y tráfico de drogas, los agentes descubrieron que la organización criminal contaba con dos almacenes donde supuestamente se almacenaba la cocaína que llegaba a Galicia, ubicados en Vedra y A Estrada. Los agentes tenían ambos lugares bajo vigilancia en agosto de 2017.
Mientras tanto, en la otra punta de España, en la provincia de Girona, tuvo lugar una acción crucial: la interceptación de aproximadamente 100 kilos de cocaína en un vehículo de la organización que se dirigía al Reino Unido. Esta caída de droga aceleró los movimientos en el almacén principal, ubicado en Galicia.
La UCO eligió su momento y seleccionó el lugar ideal para interceptar la furgoneta de alquiler que, según sus sospechas, transportaba un gran cargamento hacia Madrid. El punto de intervención fue el peaje de la AP-9 en Campañó, a escasos metros de la Comandancia de la Guardia Civil de Pontevedra, donde se encontraba el equipo de la UCO destacado en la Comunidad Autónoma.
En lo que respecta al contenido de la sentencia, se repite una situación común. El líder de la red criminal, que residía en Venezuela, no pudo ser identificado, al igual que los gallegos que recibían la droga por vía marítima.
De los tres pontevedreses mencionados en el fallo, un residente de Vilagarcía condenado por blanqueo recibió una pena de un año y medio de prisión, mientras que la pareja de vigueses que iba en el coche lanzadera fue condenada a seis años y medio cada uno. Todos ellos, como se ha mencionado, se beneficiaron de las dilaciones derivadas del colapso judicial. El colombiano que conducía la furgoneta con el alijo principal, por su parte, fue condenado a ocho años de cárcel.
En total, las penas impuestas a todos los acusados suman alrededor de 100 años de prisión, un número que puede considerarse bajo en relación con la cantidad de condenados (31) y los delitos que han quedado demostrados. En lo que respecta a las ramificaciones del grupo criminal en el resto del país, una de ellas estaba situada en Cádiz, concretamente en Chiclana. Allí se establecieron varios de los condenados que huyeron de Galicia tras el golpe en Pontevedra. Provenientes de Madrid, fueron finalmente detenidos en el sur, juzgados y condenados.
Otro de los puntos críticos se encontraba en el País Vasco, donde la red también estaba presente de manera estable, así como en Melilla, donde se hallaba el núcleo del blanqueo de capitales.
Sin embargo, la clave se obtuvo al rastrear a un individuo residente en Rivas Vaciamadrid, quien había creado una empresa legal dedicada a la compraventa de muebles de madera como tapadera, lo que le permitía enviar dinero de forma legal a Sudamérica en contenedores legítimos. Fue detectado en un viaje a Venezuela.
Los agentes lograron interceptar ocho millones de euros en billetes de 200 y 500 euros que estaban destinados a partir hacia Venezuela desde el puerto de Valencia en uno de esos envíos.
En lo que respecta al blanqueo, aunque Melilla resultó ser un punto crucial, el líder de la estructura encargada de lavar los beneficios fue arrestado en Frankfurt (Alemania), lo que pone de manifiesto la gran movilidad de la organización criminal objeto de investigación.
Entre los detenidos en su momento, se encontraban 34 hombres y seis mujeres, incluyendo ciudadanos marroquíes, colombianos, venezolanos, británicos y españoles. La sentencia no es firme y podrá ser recurrida en casación ante el Tribunal Supremo.
