El número 65 de la Nueva Atalaya de Estepona se sitúa a 400 metros del supermercado Aldi en Isdabe, también en Estepona. Una distancia mínima separa dos realidades del crimen organizado internacional. La primera se refiere a la utilización de una villa discreta en la Costa del Sol como centro de operaciones del narcotráfico, y la segunda, al ajuste de cuentas que puede llevarse a cabo en cualquier lugar público.
El 20 de julio de 2025, en el aparcamiento de dicho supermercado, un grupo del clan Casper turco, encabezado por Burak Bulut, intentó llevar a cabo un asesinato a tiros contra Caner Koçer, Musa Çacan y Furkan Yavuz, del clan Dalton. En este atentado, solo resultó herido un hombre que pretendía hacer compras en el supermercado esa tarde de domingo, marcando el inicio en España de la guerra entre estos clanes mafiosos turcos de nueva generación. Este conflicto ha culminado en el reciente intento de asesinato del pasado martes contra el líder turco Umit Yalçin en un restaurante ubicado en el Muelle Uno de Málaga, donde se disponía a disfrutar de una velada malagueña.
Miguel y Hamza, las víctimas del ajuste de cuentas, eran plenamente conscientes del peligro que enfrentaban, y su temor era justificado. Se veían obligados a dar explicaciones a siete hombres: Filip J. (25), Zoran N. (35), Ivan M. (24), Sekulić M. (27), Leon J. (29), Aleksa K. (24) y Marko N. (31). Todos ellos serbios y con experiencia en el narcotráfico internacional.
Cuando los Zetas de la Policía Nacional se presentaron en la puerta de la vivienda, comenzaron los problemas para este clan serbio, que huyó despavorido. Afortunadamente, no se enfrentaron a la Policía Nacional con las armas de fuego que poseían, ya que contaban con AK-47 y pistolas automáticas. Al arrestar a los siete individuos, se desató una escena digna de la saga SAW.
Estos narcotraficantes habían acondicionado una habitación como cuarto de torturas, forrando de plásticos todo lo posible en la vivienda, como si fueran a pintar toda la habitación para evitar manchas de sangre y dejar rastro de lo que allí sucedía. Disponían de martillos, bridas para inmovilizar y una silla recubierta de plástico destinada a sus víctimas.
Eran plenamente conscientes de lo que hacían, ya que estos grupos serbios o montenegrinos emplean estas tácticas para amedrentar a quienes no cumplen con sus expectativas. La villa de Estepona representa un nuevo caso de torturas en la Costa del Sol, recordando el asesinato del narcotraficante serbio Aleksandar Kolundzic en junio de 2022 en una vivienda de la urbanización Golden Beach de Marbella.
En aquella ocasión, este confidente de la policía alemana fue ahogado con plásticos en la cabeza y le dispararon para ejecutarlo. Cuando el propietario de la vivienda se acercó, tras varios días sin tener noticias de Kolundzic, se encontró con una escena aterradora: un cadáver con signos de tortura, sentado en una silla y con un reguero de sangre. Un recuerdo imborrable.
Un escenario similar también fue evidenciado en Países Bajos, donde se hallaron contenedores marítimos insonorizados, uno de ellos equipado con un sillón de dentista y herramientas para llevar a cabo todo tipo de agresiones, todo ello asociado a la Mocro Mafia.
Regresando al clan serbio, desde Los Balcanes no han sido identificados como miembros de un clan específico, lo que sugiere que podrían ser más discretos que los Kavac, Skaljari o Zemun. Sin embargo, sus métodos recuerdan a los del clan liderado por Veljko Belivuk, aliado en Serbia del clan Kavac.
Los hombres de Belivuk, antiguo líder de los Principi del Partizán de Belgrado, y de Marko Miljkovic utilizaron hace aproximadamente cinco años una vivienda en Ripotek, que se convirtió en noticia nacional en Serbia durante años. Esa casa, situada en las afueras de Belgrado, se transformó en un centro de terror donde los rivales eran torturados durante días.
Emplearon todos los métodos posibles para infligir dolor insufrible a quienes deseaban eliminar. Cuando se cansaban, los mataban y luego trituraban sus cuerpos en una picadora que habían instalado en los bajos del inmueble. Estas acciones eran comunicadas entre ellos a través del sistema de encriptación de Sky-ECC, donde se conocen detalles de pasajes verdaderamente aterradores.
En las conversaciones entre el grupo de Belivuk a través de esos dispositivos encriptados, se mencionó la posibilidad de procesar la carne humana de un rival que salía de la picadora y enviarla como si fuera un plato típico de los Balcanes, todo para el deleite del líder del Kavac.
En resumen, estos grupos serbios son sumamente poderosos tanto en su faceta económica como por su comportamiento violento. Imponen tal temor que los últimos siete narcotraficantes detenidos en Estepona han generado un notable malestar entre los funcionarios de prisiones que han tenido contacto con ellos en la cárcel de Alhaurín de la Torre, donde han ingresado para cumplir prisión preventiva.
Exigieron estar juntos en el mismo módulo, algo que, evidentemente, por su perfil vinculado al crimen organizado no era viable. Amenazaron a los funcionarios con represalias si no recibían un trato preferencial, un aspecto a considerar, dado que estos criminales, a pesar de encontrarse en una situación tan desfavorable como lo es la cárcel, se sienten por encima de cualquier norma básica de convivencia.
No solo se trata de torturar y asesinar a rivales, lo que en términos empresariales se consideraría una demanda, sino también de amedrentar a quienes representan al Estado en un lugar como un centro penitenciario.
Es ahí donde debe nacer la ley, y a la vista de todos los recientes acontecimientos en la Costa del Sol, a muchos narcotraficantes de alta relevancia les resulta necesario recordar cuál es su posición en la sociedad. Y esa posición no es la de presumir de sus millonarias ganancias, sino la de estar ocultos y avergonzados por ganarse la vida a costa del bienestar de los demás.
Estos clanes del Cartel de los Balcanes parecen tener muy claro que no son un problema para la sociedad, sino que solo satisfacen necesidades. Sin embargo, están profundamente equivocados.
