El comercio de la marihuana había hallado un refugio en los parajes remotos del interior de Castellón. En esos lugares, alejados de las miradas curiosas y situados cerca del río Mijares, cuatro individuos estaban involucrados en la producción y recolección de una cosecha de cannabis a gran escala. La intervención de la Guardia Civil puso fin a la actividad de dos plantaciones ilegales y resultó en la detención de cuatro personas que fueron sorprendidas mientras cortaban los cogollos. Estos lugares eran campamentos dedicados al narcotráfico, menos comunes que los laboratorios interiores, pero presentes en ciertas áreas de la Península Ibérica, especialmente durante la temporada seca.
La operación, llevada a cabo en el municipio de Cirat, dentro de la comarca del Alto Mijares, permitió la localización de 4.020 plantas de marihuana, con un peso bruto total cercano a las ocho toneladas. Los agentes también lograron incautar 40 kilos de cogollos que ya habían sido separados y estaban almacenados en dos sacos, una parte de la producción que había superado la etapa de cultivo y se encontraba lista para su posterior procesamiento.
La intervención permitió contabilizar 2.200 plantas en una de las parcelas y 1.820 en la otra. Todas se hallaban en una fase avanzada de floración, con la cosecha inminente y miles de plantas preparadas para ser incorporadas al circuito clandestino de preparación y distribución.
El momento clave se produjo durante la operación en la segunda ubicación, cuando los agentes observaron a cuatro individuos cortando los cogollos para extraerlos de la plantación. Esta acción resultó en la detención de los sospechosos, cuyas edades oscilaban entre los 23 y 40 años, así como en la intervención de dos sacos de rafia que contenían 40 kilos de marihuana.
El valor estimado de los cultivos en el mercado negro se acerca a los dos millones de euros, conforme a la información proporcionada por la Guardia Civil. La actuación del Equipo ROCA de Burriana ha permitido erradicar ambos focos de producción en el interior de Castellón y evitar que la cosecha avanzara hacia su distribución.
Ambas intervenciones vuelven a centrar la atención en los cultivos exteriores de cannabis ocultos en terrenos de difícil acceso, una modalidad que se beneficia de la dispersión del terreno y la discreción de los enclaves rurales para intentar eludir la vigilancia de las fuerzas policiales.
