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Desde Milán hasta Valencia, Suiza y Luxemburgo: así funcionaba la banca ilegal de la ‘Ndrangheta

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Desde Milán hasta Valencia, Suiza y Luxemburgo: así funcionaba la banca ilegal de la ‘Ndrangheta
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Desde Milán hasta Valencia, Suiza y Luxemburgo: así funcionaba la banca ilegal de la ‘Ndrangheta

La existencia de mafiosos italianos establecidos en España, particularmente en las áreas costeras, es ampliamente reconocida. Las fuerzas de seguridad, conscientes de esta situación, colaboran para restringir sus actividades ilícitas. En este contexto, la Brigada Central de Crimen Organizado de la Udyco Central, en asociación con la Guardia di Finanza, ha desmantelado la rama española de una importante organización que operaba como banca clandestina para narcotraficantes de toda Europa, con la ‘Ndrangheta detrás de esta operación.

En este sentido, la Policía Financiera de las Comisarías Provinciales de Milán y Monza Brianza, en coordinación con la Dirección Nacional Antimafia y Antiterrorismo, ha llevado a cabo esta semana medidas cautelares dictadas por el Tribunal de Milán que afectan a 30 sospechosos; de estos, 16 han sido encarcelados y 14 se encuentran bajo arresto domiciliario, además de haber sido emitida una orden de embargo preventivo por un valor superior a 21 millones de euros.

En Suiza, por su parte, se ejecuta una orden rogatoria internacional para la detención de otro sospechoso, con la colaboración del Departamento Federal de Justicia y Policía de Berna. Las operaciones tanto en España como en Suiza se realizan con el apoyo de la Unidad I-CAN (Cooperación Interpol contra la ‘Ndrangheta) del Servicio de Cooperación Policial Internacional y en estrecha colaboración con los especialistas en seguridad de la Dirección Central de Policía Criminal, con sede en Madrid y Berna.

El foco de las investigaciones se está desarrollando en diversas provincias italianas (Milán, Monza Brianza, Brescia, Como, Lecco, Bérgamo, Varese, Pavía, Turín, Vercelli, Biella, Alessandria, Parma, Módena, Mantua, Prato, Florencia, Bari, Brindisi, Reggio Calabria, Crotone, Lamezia Terme, Nápoles, Salerno, Caserta y Foggia), donde más de 350 miembros de la Guardia di Finanza están involucrados. Durante estas operaciones, se ha confiscado efectivo, cuentas bancarias, criptomonedas, automóviles, embarcaciones, joyas, relojes de lujo y máquinas contadoras de dinero.

La operación se origina a partir de una exhaustiva investigación llevada a cabo por la Policía Financiera de Milán, con la colaboración del Grupo Monza, que permitió desmantelar una organización criminal agravada por la utilización de métodos mafiosos, dedicada al blanqueo de capitales internacional, fraude fiscal, delitos de quiebra, narcotráfico y delitos relacionados con armas.

Las pesquisas de la Guardia di Finanza pusieron de manifiesto que se había constituido un banco clandestino en Pero, cerca de Milán, bajo la fachada de una empresa de alquiler de coches. Este banco era dirigido por tres italianos supuestamente vinculados a organizaciones mafiosas: dos antiguos asociados de clanes de la ‘Ndrangheta de Crotone (previamente condenados en las investigaciones ‘Infinito’ y ‘Aemilia’) y un miembro del clan Casalesi. La organización criminal también contaba con la colaboración de cómplices de origen chino y albanés, estableciendo así una infraestructura financiera transnacional muy eficaz.

En resumen, según la acusación presentada por la fiscalía, la organización proporcionaba un servicio de emisión de facturas para transacciones falsas a través de una extensa red de empresas fantasma. Tras recibir los pagos correspondientes a las facturas fraudulentas, los implicados devolvían el equivalente en efectivo a los propietarios de negocios colaboradores mediante mensajeros —técnicamente, a través de reembolsos—, obteniendo así las ganancias generadas por la evasión fiscal y el narcotráfico. Los saldos bancarios acumulados se transferían casi en su totalidad a cuentas en el extranjero o se invertían en la adquisición de criptomonedas de difícil trazabilidad.

De este modo, el banco clandestino ofrecía a sus clientes (principalmente narcotraficantes y evasores de impuestos) todos los servicios típicos de una institución financiera, pero utilizando métodos clandestinos característicos de la banca sumergida, que permiten transferencias de dinero fuera de los canales oficiales, eludiendo así las normativas contra el blanqueo de capitales.

Más específicamente, el mecanismo de fraude se estructuraba en un sistema multifásico que comprendía cuatro etapas diferenciadas.

La primera etapa consistía en la recaudación de fondos. El banco clandestino recibía efectivo de dos ciudadanos chinos, quienes eran empleados por la comunidad para recaudar dinero, principalmente derivado de la evasión fiscal, y de un calabrés que, según se informa, entregó en múltiples ocasiones, incluso a través de mensajeros, más de 5 millones de euros en efectivo provenientes del narcotráfico.

A cambio de la entrega de efectivo, se ofrecía a los proveedores de dinero un valor equivalente en criptomonedas, o se realizaban transferencias bancarias a cuentas ubicadas en Asia, América del Norte (Canadá) y América del Sur.

La segunda etapa era la emisión de facturas falsas. Una fase crucial dentro del esquema fraudulento fue la gestión de las denominadas empresas fantasma, es decir, entidades que existían solo en papel y estaban registradas a nombre de testaferros, con oficinas ficticias principalmente ubicadas en Lombardía y Campania.

Estas empresas emitían facturas por transacciones inexistentes a empresas legítimas (principalmente de los sectores de la construcción, la logística y los servicios), permitiendo a estas últimas reducir sus ingresos. Después de un tiempo, las empresas fantasma eran intencionadamente llevadas a la quiebra para ser reemplazadas por otras nuevas.

La tercera fase era la del reembolso en efectivo. A cambio del pago mediante transferencia bancaria de las facturas ficticias emitidas por las empresas fantasma, el centro financiero utilizaba el efectivo previamente recaudado para reembolsar, es decir, devolver, a las empresas que utilizaron las facturas falsas la misma cantidad que habían pagado por un servicio que en realidad nunca se realizó (una transacción inexistente), menos una comisión que oscilaba entre el dos y el cinco por ciento por el servicio bancario ilícito proporcionado.

La cuarta fase consistía en el blanqueo de capitales. Finalmente, los fondos acumulados en las cuentas de las empresas fantasma destinados a pagar las facturas falsas emitidas se transferían a cuentas bancarias en el extranjero (en Luxemburgo, Lituania y Alemania), y desde allí se desviaban a plataformas de intercambio que enviaban la criptomoneda generada a monederos controlados por la organización delictiva.

Este mismo método también fue utilizado para blanquear dinero obtenido de estafas mediante phishing, ya que las investigaciones financieras revelaron que numerosas transferencias bancarias de personas que habían presentado denuncias, debido a que, en un intento por invertir en criptomonedas, habían caído víctimas de estafas en línea, fueron abonadas en las cuentas bancarias de las empresas fantasma.

Al concluir la investigación, se reconstruyeron facturas falsas por un valor superior a 110 millones de euros y se identificaron transferencias al extranjero que ascendieron a aproximadamente 68 millones de euros.

El delito de asociación delictiva que se impugna es agravado: se ha configurado para facilitar las asociaciones mafiosas ‘Ndrangheta y Società Foggiana (la denominada Cuarta Mafia), mediante la asignación de parte de las ganancias ilícitas al mantenimiento de miembros encarcelados de la ‘Ndrangheta, creando así un auténtico "ondo de solidaridad mafioso", así como mediante el suministro de armas y vehículos a individuos cercanos a la Società Foggiana.

Desde la utilización del método mafioso, que implica el uso sistemático de amenazas y la protección garantizada a las actividades ilícitas de la banda en la zona de Pero, en Milán, también a través de la disponibilidad de armas y municiones para ser utilizadas en la protección de los transportes de dinero en efectivo y de narcóticos.

La investigación ha revelado finalmente casos de deslealtad y corrupción. Entre los implicados se encontraba un empleado del Tribunal de Milán que, con la colaboración de un abogado, accedió de manera no autorizada a los sistemas informáticos para informar a la alta dirección de la organización sobre el avance de las investigaciones en curso, así como un exmiembro de la Guardia di Finanza que, ya fuera de servicio, está acusado de recibir dinero de un ciudadano chino que se encontraba bajo investigación a cambio de información privilegiada y promesas de exenciones fiscales.

Gracias a la colaboración constante con la Dirección Nacional Antimafia, la operación evidencia el compromiso de la Fiscalía de Milán y la Guardia di Finanza en la lucha contra la infiltración silenciosa del crimen organizado en el tejido económico y empresarial, la cual se ha logrado a través de la provisión de servicios financieros ilegales, gestionados también mediante modernas herramientas fintech.

From Milan to Valencia, Switzerland, and Luxembourg: this is how the illegal banking of the ‘Ndrangheta operated.

The existence of Italian mafiosos established in Spain, particularly in coastal areas, is widely recognized. Security forces, aware of this situation, collaborate to restrict their illicit activities. In this context, the Central Organized Crime Brigade of Udyco Central, in partnership with the Guardia di Finanza, has dismantled the Spanish branch of a major organization that operated as a clandestine bank for drug traffickers across Europe, with the ‘Ndrangheta behind this operation.

In this regard, the Financial Police of the Provincial Police Stations of Milan and Monza Brianza, in coordination with the National Anti-Mafia and Anti-Terrorism Directorate, has carried out precautionary measures this week ordered by the Milan Court affecting 30 suspects; of these, 16 have been imprisoned and 14 are under house arrest, in addition to a preventive seizure order being issued for an amount exceeding 21 million euros.

In Switzerland, an international request for the detention of another suspect is being executed, with the collaboration of the Federal Department of Justice and Police of Bern. The operations in both Spain and Switzerland are carried out with the support of the I-CAN Unit (Interpol Cooperation against the ‘Ndrangheta) of the International Police Cooperation Service and in close collaboration with security specialists from the Central Criminal Police Directorate, based in Madrid and Bern.

The focus of the investigations is developing in various Italian provinces (Milan, Monza Brianza, Brescia, Como, Lecco, Bergamo, Varese, Pavia, Turin, Vercelli, Biella, Alessandria, Parma, Modena, Mantua, Prato, Florence, Bari, Brindisi, Reggio Calabria, Crotone, Lamezia Terme, Naples, Salerno, Caserta, and Foggia), where more than 350 members of the Guardia di Finanza are involved. During these operations, cash, bank accounts, cryptocurrencies, cars, boats, jewelry, luxury watches, and money counting machines have been confiscated.

The operation originates from a thorough investigation carried out by the Financial Police of Milan, with the collaboration of the Monza Group, which allowed for the dismantling of a criminal organization aggravated by the use of mafia methods, dedicated to international money laundering, tax fraud, bankruptcy crimes, drug trafficking, and weapon-related offenses.

The investigations by the Guardia di Finanza revealed that a clandestine bank had been established in Pero, near Milan, under the guise of a car rental company. This bank was run by three Italians allegedly linked to mafia organizations: two former associates of clans from the ‘Ndrangheta of Crotone (previously convicted in the ‘Infinito’ and ‘Aemilia’ investigations) and a member of the Casalesi clan. The criminal organization also had the collaboration of accomplices of Chinese and Albanian origin, thus establishing a very effective transnational financial infrastructure.

In summary, according to the accusation presented by the prosecution, the organization provided an invoice issuance service for false transactions through an extensive network of shell companies. After receiving payments corresponding to the fraudulent invoices, those involved returned the equivalent in cash to the collaborating business owners through messengers—technically, through reimbursements—thus obtaining the profits generated by tax evasion and drug trafficking. The accumulated bank balances were transferred almost entirely to accounts abroad or were invested in the acquisition of hard-to-trace cryptocurrencies.

Thus, the clandestine bank offered its clients (mainly drug traffickers and tax evaders) all the typical services of a financial institution, but using clandestine methods characteristic of the shadow banking system, which allows money transfers outside official channels, thereby evading anti-money laundering regulations.

More specifically, the fraud mechanism was structured in a multi-phase system that comprised four distinct stages.

The first stage involved fundraising. The clandestine bank received cash from two Chinese citizens, who were employed by the community to raise money, mainly derived from tax evasion, and from a Calabrian who reportedly delivered on multiple occasions, even through messengers, more than 5 million euros in cash from drug trafficking.

In exchange for the delivery of cash, money providers were offered an equivalent value in cryptocurrencies, or bank transfers were made to accounts located in Asia, North America (Canada), and South America.

The second stage was the issuance of false invoices. A crucial phase within the fraudulent scheme was the management of so-called shell companies, that is, entities that existed only on paper and were registered in the name of front men, with fictitious offices mainly located in Lombardy and Campania.

These companies issued invoices for non-existent transactions to legitimate businesses (mainly in the construction, logistics, and services sectors), allowing the latter to reduce their income. After a while, the shell companies were intentionally driven into bankruptcy to be replaced by new ones.

The third phase was cash reimbursement. In exchange for payment via bank transfer of the fictitious invoices issued by the shell companies, the financial center used the cash previously collected to reimburse, that is, return, to the companies that used the false invoices the same amount they had paid for a service that was never actually performed (a non-existent transaction), minus a commission ranging from two to five percent for the illicit banking service provided.

The fourth phase consisted of money laundering. Finally, the funds accumulated in the accounts of the shell companies intended to pay the false invoices issued were transferred to bank accounts abroad (in Luxembourg, Lithuania, and Germany), and from there they were diverted to exchange platforms that sent the generated cryptocurrency to wallets controlled by the criminal organization.

This same method was also used to launder money obtained from phishing scams, as financial investigations revealed that numerous bank transfers from individuals who had filed complaints, because they had fallen victim to online scams while trying to invest in cryptocurrencies, were credited to the accounts of the shell companies.

At the conclusion of the investigation, false invoices were reconstructed for an amount exceeding 110 million euros, and transfers abroad were identified amounting to approximately 68 million euros.

The crime of criminal association being challenged is aggravated: it has been configured to facilitate the mafia associations ‘Ndrangheta and Società Foggiana (the so-called Fourth Mafia), by allocating part of the illicit profits to support imprisoned members of the ‘Ndrangheta, thus creating a genuine "mafia solidarity fund," as well as by supplying weapons and vehicles to individuals close to the Società Foggiana.

Since the use of the mafia method, which involves the systematic use of threats and guaranteed protection for the gang's illicit activities in the area of Pero, in Milan, also through the availability of weapons and ammunition to be used in the protection of cash and narcotics transports.

The investigation has finally revealed cases of disloyalty and corruption. Among those involved was an employee of the Milan Court who, with the collaboration of a lawyer, accessed the computer systems without authorization to inform the organization's management about the progress of ongoing investigations, as well as a former member of the Guardia di Finanza who, no longer in service, is accused of receiving money from a Chinese citizen under investigation in exchange for insider information and promises of tax exemptions.

Thanks to the constant collaboration with the National Anti-Mafia Directorate, the operation highlights the commitment of the Milan Public Prosecutor's Office and the Guardia di Finanza in the fight against the silent infiltration of organized crime into the economic and business fabric, which has been achieved through the provision of illegal financial services, also managed through modern fintech tools.

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