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El temor a ser registrado: por qué cientos de marroquíes optan por regresar a su país antes de acudir al CATE

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El temor a ser registrado: por qué cientos de marroquíes optan por regresar a su país antes de acudir al CATE
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El temor a ser registrado: por qué cientos de marroquíes optan por regresar a su país antes de acudir al CATE

Fuente: Ceuta Actualidad

La reciente operación de desalojo llevada a cabo por la Policía Nacional en la playa de Benítez, Ceuta, ha puesto de relieve la compleja y tensa situación migratoria que enfrenta España en su frontera sur. Esta intervención, que tuvo lugar a primera hora del martes, no solo se inscribe en el marco de las políticas de control migratorio de la Unión Europea, sino que también pone en evidencia las decisiones difíciles que deben tomar miles de migrantes que buscan llegar a Europa. La importancia de este evento radica en su impacto sobre las vidas de los migrantes, así como en las implicaciones para la gestión de la migración en la región.

En el contexto de esta operación, la Policía Nacional ordenó el traslado de aquellos que se encontraban en la playa de Benítez al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) para su identificación y filiación. Sin embargo, un número significativo de migrantes optó por regresar a Marruecos antes de ser registrados, lo que evidencia una clara desconfianza hacia las autoridades y los procedimientos de asilo. Según los relatos de los migrantes, el temor a ser expulsados a Marruecos tras ser identificados por la Policía ha llevado a muchos a tomar la decisión de regresar a su país de origen. De las aproximadamente 300 personas que pasaron la noche en la playa, alrededor de 200 decidieron dar la vuelta, dejando las carpas habilitadas en Loma Colmenar prácticamente vacías.

La pregunta que surge es por qué, después de haber cruzado a nado desde Marruecos y haber sobrevivido en condiciones precarias durante semanas, muchos eligen regresar al país de origen cuando se encuentran con la Policía. La respuesta es multifacética y se encuentra en la intersección entre la percepción y la realidad de la situación migratoria. Según el comisario López Gordo, quienes deciden retornar son conscientes de que no cumplen los requisitos necesarios para solicitar asilo, ya que las razones económicas no son consideradas válidas. Además, el mensaje claro de las autoridades, reforzado por un intérprete que explicaba el procedimiento, fue que aquellos que no cumplieran con los criterios podrían enfrentarse a la expulsión inmediata a Marruecos, una amenaza que pesaba sobre ellos.

Este proceso de expulsión formal tiene graves consecuencias para los migrantes. Al ser expulsados, se les impone una prohibición de entrada al espacio Schengen que puede variar de tres a cinco años, y en casos más severos, hasta diez años. En contraste, quienes optan por el retorno voluntario no generan un expediente oficial, lo que les permite mantener abierta la posibilidad de solicitar un visado en el futuro. Este dilema ha llevado a un notable aumento en el número de retornos voluntarios, con 7.794 personas regresando a Marruecos desde el 10 de agosto, en comparación con tan solo 449 expulsiones.

Para aquellos que finalmente pasan por el CATE, la situación está a punto de cambiar drásticamente. El gobierno español está trabajando en un decreto ley que tiene como objetivo acelerar el proceso de devoluciones, que actualmente puede extenderse hasta doce semanas. Este nuevo marco legal permitirá que se realicen devoluciones a Marruecos antes de que se resuelvan todos los recursos de asilo, al considerar a Marruecos un país seguro. Además, el borrador contempla la reducción del papel de organismos como ACNUR en momentos clave del proceso y la posibilidad de archivar automáticamente las peticiones de protección de aquellos que abandonen el centro de acogida sin justificación.

La decisión de muchos migrantes de evitar el registro policial alimenta una percepción de desconfianza hacia quienes optan por no ser identificados, sugiriendo que podrían tener algo que ocultar. Sin embargo, los migrantes mismos explican que su temor no radica en ser descubiertos, sino en las graves consecuencias de una expulsión, que los excluiría del espacio Schengen durante años. Esta explicación se alinea con la alarmante estadística que muestra que por cada expulsión efectiva, diecisiete personas han decidido regresar voluntariamente a Marruecos.

La situación en la frontera sur de España es, sin duda, un reflejo de las complejas dinámicas de la migración contemporánea. Las decisiones de los migrantes están influenciadas por una combinación de factores económicos, legales y psicológicos que determinan sus acciones. La política migratoria de España y su relación con Marruecos seguirán siendo un tema de debate crucial, especialmente en un contexto donde la presión migratoria no muestra señales de disminuir. La necesidad de una respuesta integral y humana a la crisis migratoria es más urgente que nunca, no solo para proteger los derechos de los migrantes, sino también para abordar las raíces de la migración que impulsan a tantas personas a arriesgar sus vidas en busca de un futuro mejor.

The fear of leaving a mark: why hundreds of Moroccans choose to return home before going through the CATE.

Source: Ceuta Actualidad

The order from the National Police arrived with the first light of Tuesday morning at Benítez beach: anyone found there would be transferred to the Temporary Attention Center for Foreigners (CATE) to be identified and registered. Before entering the Tarajal area, dozens of Moroccans made the opposite decision. They preferred to return to their country rather than leave their information at a police table.

But the scene of 'flight' began on the beach itself. Not everyone waited for transportation. Some were taken by bus to the vicinity of the Tarajal border; others ran away as soon as they saw the deployment. The fear, as they themselves recount, has a specific name. "They take them to the border and expel them to Morocco," summarizes one of the migrants who experienced the eviction. And the numbers do not lie. Of the 300 people who spent the night at Benítez beach, about 200 decided to return to the neighboring country. The tents that had been set up in Loma Colmenar barely received any migrants. They are practically empty.

So, why would someone swim from Morocco to Ceuta, live in precarious conditions for weeks, and when the Police catch up with them, voluntarily choose to retrace their steps? There lies the crux of a crisis that is already managing two distinct queues in the city: that of those who return and that of those who stay to be registered.

The answer lies halfway between what the Police say and what the numbers indicate. Commissioner López Gordo associated the return with something as simple as the awareness of one's own situation: those who decide to return know that they do not meet the requirements for asylum, as economic reasons are not valid, and they choose not to proceed with the application. Before boarding the buses used for the transfer from Benítez to Tarajal, an interpreter explained the procedure to them: the destination was the CATE for registration, but the possibility of returning immediately to Morocco if they do not meet the criteria for requesting international protection loomed over their heads. No one chooses blindly. Those who managed to escape the police cordon repeated: “CATE equals expulsion.”

And what is at stake in that choice is significant. A formal expulsion entails a ban on entry into the Schengen area for a period ranging from three to five years, which can extend to ten years in the most serious cases. Voluntary return, on the other hand, does not generate a record: there are no fingerprints in any database, no punitive record, and the right to apply for a visa in the future remains intact. Returning today is, in practice, leaving the door open to try again through legal means tomorrow.

The figures released this Tuesday by the Unified Command, as of 9:00 AM, confirm that the majority have already made that calculation: 7,794 people have voluntarily returned to Morocco since August 10, the date when official data began to be provided, compared to 449 expulsions.

For those who do go through the CATE, the scenario is about to change. The Government is finalizing an urgent decree law designed to expedite the accumulated returns. The current procedures can take up to twelve weeks—six for the administrative phase and six for judicial review—and the new regulation reduces this to half. By considering Morocco a safe country, the draft allows for the return of certain asylum seekers before all their appeals are resolved, so that the application alone does not delay expulsion for months. It also contemplates limiting the role of organizations like UNHCR in key phases of the process, and automatically archiving protection requests from those who leave the assigned reception center without justification, to prevent the application process from functioning as a safe conduct to the peninsula. The text would apply retroactively to cases opened since the mass entries on July 30 and 31.

On the street, this massive choice of return fuels a strong suspicion: that those who avoid registration "must have something to hide." The migrants themselves describe it differently. What they say they fear is not being discovered, but expulsion: the stamp that closes the Schengen area, the vast majority of European territory, for years. This is the explanation given by those who avoid police registration, and it aligns best with a figure where, for every effective expulsion, seventeen people have crossed back to Morocco on their own.

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