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Migrantes que pernoctan en los riscos destruyen y sustraen recursos de una colonia felina.

🏕Observatorio Ceuta y Melilla
Migrantes que pernoctan en los riscos destruyen y sustraen recursos de una colonia felina.
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Migrantes que pernoctan en los riscos destruyen y sustraen recursos de una colonia felina.

Fuente: El Faro de Ceuta

**Crisis en la Colonia de Gatos del Recinto Sur de Ceuta: El Impacto de la Inmigración en la Fauna Local**

La frontera sur de España, particularmente en Ceuta, ha estado en el ojo del huracán mediático y político debido a la crisis migratoria que se ha intensificado en los últimos años. Este fenómeno, que afecta a miles de personas en busca de una vida mejor, también está teniendo repercusiones inesperadas y desgarradoras en el entorno natural y en quienes cuidan de él. Un claro ejemplo de esto es la situación que enfrenta Sohora Drissha, quien durante dieciséis años ha dedicado su vida a cuidar de una colonia de gatos en el Recinto Sur de Ceuta. Lo que solía ser un refugio de amor y atención se ha convertido en un escenario de desolación y peligro, no solo para los felinos que cuida, sino también para ella misma.

La llegada masiva de inmigrantes los días 30 y 31 de julio ha marcado un antes y un después en la comunidad. Desde esos días, la colonia de gatos ha sufrido un deterioro alarmante que pone en riesgo tanto la vida de los animales como la de su cuidadora. Sohora ha observado cómo el lugar que con esfuerzo y dedicación ha acondicionado poco a poco se ha convertido en un espacio de caos. Los accesos a la colonia están prácticamente destruidos, y han desaparecido numerosos enseres que utilizaba para el cuidado de los gatos. La presencia constante de personas que utilizan los acantilados como refugio ha alterado por completo la tranquilidad que antes reinaba en el lugar.

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Sohora, profundamente afectada, comparte su angustia. "Yo ahora vengo una vez al día. Antes incluso venía mínimo dos veces al día y, a veces, cuando tenía que limpiar, venía tres veces", relata, visiblemente conmovida. Este cambio en su rutina no es solo una cuestión de tiempo, sino de seguridad. El miedo ha invadido su vida diaria; antes se sentía segura incluso al acudir de noche, pero ahora prefiere marcharse antes del anochecer. "A mí me da miedo. Yo ya no puedo venir como antes porque cada uno es de su padre y de su madre, y nunca se sabe", añade, reflejando una preocupación que va más allá de su bienestar personal.

La tragedia se ha manifestado con la muerte de nueve de los gatos que cuidaba. Estos animales, que antes se encontraban cómodos y seguros en su entorno, han sido víctimas del desasosiego que ha traído la llegada de personas desconocidas. “Son nueve gatos los que se me han ido”, lamenta Sohora, recordando que se trataba de felinos que nunca se movían del lugar. La primera muerte ocurrió apenas unos días después de la crisis migratoria, cuando uno de los gatos fue atropellado. Desde entonces, la situación ha ido empeorando, alcanzando un total de nueve atropellos. De los más de veinte felinos que llegó a cuidar, actualmente solo quedan catorce.

El deterioro no se limita a la pérdida de vidas. Las instalaciones que Sohora había preparado con amor y dedicación están en ruinas. Los plásticos que antes protegían las casetas han desaparecido, así como las mantas que vecinos y familiares le proporcionaban para el abrigo de los gatos. “Ya no me queda ni una manta”, se queja, explicando que ha tenido que improvisar con pequeños trozos de tela para evitar que se lleven lo poco que queda. Este robo de materiales no solo afecta a los felinos, sino que también revela las precarias condiciones de vida que enfrentan muchas personas que llegaron a Ceuta en busca de una oportunidad.

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El estado de abandono y deterioro también afecta a las zonas que Sohora utilizaba para atender a los gatos enfermos. Las áreas que habían sido cerradas para la recuperación de animales heridos han sido vandalizadas, y gran parte del material ha desaparecido o ha sido destruido. La acumulación de basura y los restos de orina y excrementos humanos se han vuelto comunes en el entorno, lo que agrava aún más las condiciones en las que viven los gatos y la propia cuidadora. La situación es crítica: "En dos días vuelta a empezar", explica mientras recoge los desperdicios que encuentra casi a diario. "Lo tengo que recoger, lo tengo que recoger", añade, refiriéndose a los excrementos humanos que han invadido el espacio dedicado a los animales.

El camino que Sohora solía transitar ha sufrido un grave deterioro. Las escaleras, que ya presentaban un estado deficiente, han colapsado. Sohora, al intentar acceder a la colonia, sufrió una caída que pudo haber resultado mucho más grave. “Mi cuerpo se me fue. La cabeza aquí... casi me la abro, dos semanas doliéndome los tobillos”, recuerda, enfatizando el riesgo al que se enfrenta cada día.

Durante una reciente visita de un equipo de El Faro, la situación se volvió aún más evidente. Mientras Sohora mostraba los desperfectos, una persona se acercó para recoger material. La cuidadora, visiblemente alterada, tuvo que llamar su atención para evitar el robo de pertenencias que pertenecen a los gatos. "Yo no miento, yo no exagero", insistía, mostrando el profundo dolor y frustración que siente ante la situación.

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Sohora hace un llamado urgente a las administraciones, especialmente a los organismos de Medio Ambiente y Sanidad Animal, para que actúen y restauren la zona. “¿Dónde está la protección animal? ¿Qué protección se le está dando a estos animales?”, se pregunta entre lágrimas. Su petición es clara: que la Policía actúe y desaloje la zona, buscando alternativas para aquellos que han invadido el espacio que durante años ha sido un refugio para los gatos.

Tras dieciséis años de dedicación, Sohora se enfrenta a una dura realidad: el lugar que construyó con sus propias manos se deteriora y los gatos pierden sus refugios, mientras algunos de ellos no logran regresar. Esta situación no solo refleja un problema local de conservación animal, sino que también pone de manifiesto las complejas interacciones entre la crisis migratoria y la vida silvestre en la frontera sur de Europa. La historia de Sohora es un recordatorio de que detrás de cada estadística sobre inmigración hay vidas humanas y no humanas que sufren las consecuencias de un sistema que aún busca soluciones efectivas y humanas.

Immigrants sleeping on the cliffs destroy and steal materials from a cat colony.

Source: El Faro de Ceuta

For 16 years, Sohora Drissha has dedicated a good part of her time to caring for a colony of cats in the Southern Enclosure in Ceuta.

A place she has been gradually building and adapting with love and effort, so that these animals have food, water, and shelter. However, the scene she encounters every time she goes down there now fills her with sadness and frustration.

Since the mass influx of immigrants on July 30 and 31, the colony has suffered a deterioration that, she claims, is endangering both the animals and the caregiver herself.

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Sohora cannot contain her emotion as she shows the damage. The access points are practically destroyed, numerous belongings have disappeared, and the presence of people using the cliffs of the Enclosure to sleep or seek refuge has completely disrupted the tranquility of the felines.

“I now come just once a day. Before, I would come at least twice a day, and sometimes, when I had to clean and such, I would come three times,” she recounts.

Her routine has also changed out of fear. She used to come even at night, but now she tries to leave before nightfall. “I’m scared. I can’t come like before because everyone is their father and mother, and you never know.”

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One of the consequences that pains her the most is the death of nine animals since this situation began. The cats were used to staying in this environment without disturbances, waiting day by day for Sohora to arrive with food and water.

The arrival of unknown people, the constant movement, and the presence of settlements right next to them have caused some to flee towards the road.

“Nine cats have left me,” she laments. And she asserts that these were animals that previously didn’t even move from the spot. “I’m talking about cats that never crossed. Cats that never went up.”

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According to her, the first deaths began just a few days after the invasion. “On Saturday, the first cat was run over,” she remembers. Since then, the situation has repeated itself, reaching nine accidents. Of the more than twenty felines she once cared for in the colony, only 14 remain.

The caregiver insists that the animals need peace and protection, something she considers impossible as long as people continue to enter the area.

The deterioration is also evident in the facilities that Sohora had prepared over the years. The plastics that protected the shelters have disappeared, as have the blankets that neighbors and family provided so that the cats could take shelter.

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“I don’t have a single blanket left,” she says. Therefore, she has opted to place small pieces of fabric to prevent them from being taken whole. It is also worth noting the conditions in which the people who crossed in July live, stealing used material for animals.

She also reports that containers and materials intended for the care of the animals have disappeared. The water bowls, she claims, were used by other people to wash themselves, and the feeding bowls were used as ashtrays.

The situation also affects the spaces she used to care for sick cats. Sohora had enclosed areas for those animals that needed to recover from injuries, sterilizations, or veterinary treatments. Part of that material has also disappeared or been destroyed.

Additionally, there is accumulated garbage and remnants of urine and feces next to the shelters and feeding bowls. “In two days, it’s back to square one,” she explains while showing the waste she collects almost daily. “I have to pick it up, I have to collect it,” she adds about the human excrement she finds next to where the cats eat.

The path she used to take to the colony has also been severely damaged. The stairs, which were already in poor condition, have completely collapsed.

Sohora recounts that she fell when trying to access the place after several steps disappeared due to use and the lack of care for the area.

“My body gave out. My head hit here… I almost cracked it open, my ankles hurt for two weeks,” she recounts. She asserts that she could have suffered much more serious injuries.

During the visit from El Faro, another incident occurred that highlighted the situation she was reporting.

While Sohora was showing the damage, a person approached the colony and began to collect material. The caregiver had to call out to him over what was yet another attempt to take belongings from the animals.

“I’m not lying, I’m not exaggerating,” she insisted, visibly affected and angry.

Sohora is calling for intervention from the administrations, especially from the Environment and Animal Health departments, to recover the area, clean the spaces, and ensure the safety of the felines. “Where is animal protection? What protection is being given to these animals?” she asked through tears.

Her request is for the police to act and clear the area. “My intention is for them to leave now, for alternatives to be sought for them,” she states.

After 16 years caring for these animals, Sohora watches as the place she built with her own hands deteriorates while the cats lose their shelters and some fail to return.

The article "Immigrants Sleeping on the Cliffs Destroy and Steal Material from a Cat Colony" first appeared in El Faro de Ceuta.