**Introducción contextual**
En el contexto actual de la ciberseguridad, la rápida adopción de la inteligencia artificial (IA) en entornos empresariales ha generado una nueva serie de retos para la protección de datos y la gestión de identidades. En el informe del Estado de la Seguridad de Agentes 2026, se estima que alrededor de 1,280 productos de terceros incorporan inteligencia artificial, de los cuales aproximadamente 282 están bajo un sistema de inicio de sesión único. Sin embargo, los otros mil productos operan de manera invisible para la infraestructura de identidad, lo que plantea una serie de preocupaciones sobre la gobernanza y la seguridad en el uso de estas herramientas. Este fenómeno afecta a empresas de todos los tamaños, ya que cada vez más organizaciones integran agentes de IA en sus sistemas sin tener una comprensión clara de los riesgos asociados.
**Detalles técnicos**
La complejidad de la situación radica en cómo se implementan estos agentes de IA. A diferencia de las soluciones de primera parte, donde la empresa toma la decisión consciente de adoptar un modelo de IA, los agentes de IA suelen integrarse dentro del software que una empresa ya utiliza, lo que significa que no se produce un momento de decisión claro. La seguridad tradicional asume que existe un proceso de selección y adopción que permite implementar controles de seguridad. Sin embargo, en el caso de los agentes, este momento no se presenta. Por ejemplo, el Slack Code de Salesforce, lanzado en agosto de 2026, permite a los usuarios integrar un agente de codificación en cualquier conversación. Este agente puede leer el contexto compartido, generar código y abrir solicitudes de extracción, todo ello sin que se requiera intervención adicional de IT.
La categorización de los agentes de IA se puede dividir en tres grupos: los adquiridos, los configurados y los construidos. Los agentes adquiridos provienen de actualizaciones de productos existentes; los configurados son aquellos que utilizan las decisiones de lógica de la empresa sobre la infraestructura de terceros; y los construidos son frameworks abiertos que funcionan sobre infraestructura propiedad de la empresa. Aunque los últimos son los menos numerosos, los primeros dos están en constante crecimiento a medida que cada aplicación principal se convierte en una plataforma para agentes.
Un aspecto crítico de la seguridad de los agentes radica en su estructura. Cada agente consta de un modelo que ejecuta razonamientos y una estructura que convierte ese modelo en un actor autónomo. La mayor parte del riesgo no reside en el modelo en sí, sino en la estructura y el ecosistema donde opera. Para evaluar los riesgos de un agente, es fundamental responder a cuatro preguntas clave: ¿está registrado el agente? ¿Qué permisos tiene asignados y son más de lo que necesita? ¿A qué puede acceder, directa y transitivamente? ¿Qué acciones está realizando y eso es normal para su función?
**Impacto y consecuencias**
La falta de visibilidad y control sobre estos agentes plantea riesgos significativos para la seguridad empresarial. Patrick Opet, CISO global de JPMorgan Chase, advirtió en 2025 que la cadena de suministro de terceros se ha convertido en un riesgo sistémico, un hecho que llevó al banco a aislar proveedores comprometidos. Esta situación se agrava con la proliferación de agentes de IA, que pueden tener acceso a datos sensibles y sistemas críticos sin un control adecuado. Cuando organizaciones de la magnitud de JPMorgan comienzan a considerar a los agentes como un riesgo en la cadena de suministro, es probable que esta preocupación se refleje en los cuestionarios de seguridad de otras empresas en poco tiempo.
Además, el marco regulatorio también está empezando a reconocer esta problemática. La Ley de IA de la Unión Europea, que se implementará en fases hasta 2026, exige que las empresas puedan inventariar sus sistemas de IA y evidenciar la supervisión correspondiente. Aquellas organizaciones que no puedan enumerar sus agentes se encontrarán en una posición de incumplimiento.
**Contexto histórico**
La creciente complejidad de la seguridad de IA se ha intensificado en la última década, donde la industria ha centrado sus esfuerzos en construir medidas de seguridad para las IA que las empresas decidieron implementar. Sin embargo, los agentes de IA que no fueron seleccionados conscientemente por las organizaciones ahora representan una población mucho más grande y diversificada, lo que crea un desafío sin precedentes en la gestión de la ciberseguridad.
**Recomendaciones**
Para abordar esta problemática, es vital que las empresas adopten un enfoque proactivo en la gestión de sus agentes de IA. Se recomienda implementar soluciones que proporcionen visibilidad en tiempo real sobre qué agentes están operando, qué permisos han heredado, a qué tienen acceso y qué acciones están ejecutando. Este tipo de mapeo puede ser facilitado por plataformas como Reco, que conecta identidades humanas y no humanas, aplicaciones y acciones de agentes en una vista unificada, permitiendo así un análisis más efectivo de los riesgos asociados.
La adopción de un enfoque dinámico para la gestión de estos agentes es esencial, ya que la simple utilización de hojas de cálculo y revisiones trimestrales se vuelve insostenible a medida que el número de agentes crece exponencialmente. Las empresas deben prepararse para una era donde la gobernanza de la IA será un componente crítico de la estrategia de seguridad.
En conclusión, el fenómeno de los agentes de IA en el entorno empresarial está transformando la forma en que las organizaciones abordan la ciberseguridad. A medida que estos agentes continúan proliferando, la capacidad de las empresas para gestionar y asegurar su uso será fundamental para mitigar riesgos y cumplir con las regulaciones emergentes.
